Muy útil, y muy original
Cuando lo sacas de la caja lo primero que llama la atención es lo simpático que queda, parece un váter de verdad pero en miniatura y con el toque divertido del frontal. El plástico se nota bastante robusto, nada de esa sensación endeble de que se va a doblar o rajar cuando el crío se apoye con fuerza o intente subirse de golpe.
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En casa estamos en plena fase de quitar el pañal y nos estaba costando un mundo que la pequeña se quedara sentada más de dos segundos seguidos en el adaptador del baño grande. Ha sido ponerle este y la historia ha cambiado por completo. Se lo toma casi como un juego; se sienta, agarra el volante y se entretiene simulando que conduce, lo que nos da el margen necesario para que se relaje y termine haciendo sus cosas sin agobiarse ni querer bajarse corriendo a los diez segundos. Las gomas de la base agarran muy bien en el suelo del baño y no se desliza nada cuando se mueve.
Lo que más agradezco en el día a día es lo cómodo que resulta para limpiar. La parte de la cubeta interior se extrae hacia arriba de forma independiente sin ninguna complicación, así que la vacías directamente en el baño grande, un poco de agua con jabón y queda listo en un minuto. Por ponerle un pequeño pero, debido a la forma del volante abulta un pelín más que los orinales completamente planos si tu idea es meterlo en una mochila pequeña de mano, pero para llevarlo en el maletero del coche cuando sales el fin de semana o dejarlo fijo en casa va de maravilla. El asiento es anatómico y no le deja marcas molestas en los muslos aunque pase un rato largo sentada.
Una solución estupenda si estás en pleno proceso de transición y buscas algo que motive a los niños a ir al baño por sí mismos sin que lo vean como una obligación aburrida. Es limpio, resistente y visualmente les encanta. Una compra súper acertada para quitar el pañal sin dramas.